¿Y algún día, podré hablar?

a menudo me pregunto si algún día podré hablar con un lenguaje apropiado y propio, uno que no se detenga, no se trabe, no se reduzca, que no se baladifique en los procesos de enunciación. Esto no es un pedido, tampoco una aspiración pero una mera pregunta, implícita en ella deseos basados en cosas de varios rincones todavía desconocidos. ¿Mi búsqueda de un hablar, sea por la música-escritura-cocina o por la pequeñísima presencia de un cuerpo que llamo (y se le dice) mío, tendrá (como si se puede tener) un final satisfactorio? o será como la mayoría de mis etapas, intensas, pero cortas y inconclusas. escribo estas palabras, y a la vez me hablo, tal vez para consolar mi cansado masoquista, como si mis yos, el que escribe y el que piensa y el que piensa en lo escrito y el que piensa en lo por escribir y el que se dejar llevar por sus dedos, están (y si estoy seguro de un mecanismo psicológico es éste) en un diálogo interminable; el plantea este intraconversatorio, gracias a sartre, nietzsche y camus, un discurso recién parido de la nada escondida dentro de cada conclusión, del capricho de algo entendible en mis asuntos: mi método preferido de autotortura.

el que escribe no vive y el que vive no escribe, y por eso quiere escribir; el acto de documentación como cementación de un yo.

leer diarios me hace querer escribir (o haber escrito) un diario, pero puede ser la humanización del autor, ver en sus palabras íntimas pensares babosos y preocupares egoístas, que me recuerda: yo también soy autor. No sólo con estos archivos, pero en un sentido mucho más cliché y de parecer superficialmente universal.

en algún momento, y en algunos momentos, sé y he sabido como se habla pero, posiblemente desde el pesimismo, en esas ocasiones la enunciación (creo) se facilitaba por la falta de reflexión, ese constante eco interrogatorio en bucle retroalimentado por el ego, que socava cualquier articulación mezquina y errante. ¿Es la percibida imposibilidad de expresión directa y personal como pretendo hacer aquí (mi música quisiera conjugarla, de la cocina ella a veces sale repentinamente), el origen fecundo de esta frustración y desesperación? puede ser.

lo importante es usar, pensar, y explorar los lenguajes mi cuerpo pueda utilizar para externalizar lo que se manifiesta en mi fragua interna.

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