Perseguir o pichar

en una de las últimas escenas de la película Adaptation, los dos Kaufmanns (kaufmen?) están en un pantano floridense peleando por alguna razón relacionada con La mujer, la que uno de los hermanos persigue toda el film. para ser honesto (con quien voy a ser honesto?) no me recuerdo exactamente cómo surge, pero uno de los hermanos, en respuesta a la quebrada esperanza del otro en cuanto a su deseada, dice algo de que no importa si ella le gusta a él o no, lo importante es si a él le gusta ella, y si es cierto que la siga porque de eso (o de algo así) se trata la vida, la voluntad. claro lo que está diciendo está teñido por una influencia innegablemente nihilista, reducionistamente hollywood, pero es más que un "haz lo que quieras y olvídate de los demás", mas un "olvidate de los obstáculos, enfocate en lo que quieras." lo contundente de esta idea está en los obstáculos, el enfoque, y la explícita arbitrariedad del deseo. ¿Se nota lo capricornio que soy? malditas estrellas.

si giramos el tema un poco, y miramos relaciones interpersonales, los obstáculos paran de ser lo que son en otros contextos, mater con potencial de paralizar, y toman una forma ventosa, una fuerza usualmente invisible, pero a veces demasiado tangible. la diferencia clave entre estas cosas es la direccionalidad. un obstáculo físico no tiene direcion, tiene presencia y eso basta para detener. los esfuerzos, más allá de sus meras existencias, también tienen sentidos de dirección, están en movimiento perpetuo. mover requiere hacía donde mover porque si no, ¿Por qué/cómo mover? en contra de uno o a favor, es una cuestión de dirección relacional. si estamos en un velero, decidiendo ir en contra del viento no nos debe sorprender quedarnos algo quieto. si hacemos lo sensato, si la idea es llegar o simplemente movernos, pues solo nos faltaria rotar, asumiendo un ángulo alineadas con las fuerza ajenas.

por supuesto, las relaciones entre humanos suelen ser más complicadas que viajar en un velero, pero esas diferencias moran en factores como la gilidad humana comparada a un velero, el ego y los compromisos, ambos cosas el tiempo cementa en uno. es la falta de estas cosas el porqué los niños siempre se les caracterizan como seres maleables (o libres). de los compromisos no se puede hablar en el abstracto tanto (o tan fácilmente) como del ego debido a sus bases en la legitimación del uno en relación a otro, pero del ego se ha dicho/escrito/pensado bastante, y aquí, ahora no pretendo abordar ni recorrer ese discurso; sí puedo y quiero decir que cuando los compromisos no son flexible, el ego es nuestro único instrumento para ejercer nuestra voluntad frente cualquier tipo de fuerza interpersonal. decidimos, a través del ego, si perseguir o pichar, si el objetivo de nuestros esfuerzos vale tanto como para justificar una reevaluación y recalibración personal, o si perjudica nuestra autopercepción hasta quebrar nuestra personalidad.

este camino, ¿Es dificil, o es malo? y aquí viene lo del enfoque. enfocarse no es actuar, es refinar los significantes encargados de informa las acciones, nuestros sentidos. cuando nos enfocamos no estamos haciendo más que prestar más atención que antes, y sí, prestar es una acción cuando se trata de prestar un libro o una caseta, pero cuando lo prestado es tan intangible (pero no necesariamente imperceptible) parece una reconfiguración, no una acción externa influyendo físicamente nuestro entorno, pero una transformación interna definiendo potencialidades.

retomando la desbaratada cita de antes, lo que dice uno de ellos trasciende su parecer nihilista. busca reivindicar la voluntad del otro, basándola en una habilidad personal, en la habilidad de adaptar y mitigar para siempre obtener lo que uno quiere, aunque no termine siendo lo mismo que el deseo primigenio.

.back