Me tocaste

Con aliento forjado en tus calientes pulmones me rozaste la caja, reciclada madera rojiza. Entraste por grietas de construcción imperfecta, creando a la vez nuevas al exhalar, al aspirar. Cada rincón mío inmerso en la nebula vaporosa de tu respirar, brisa acurrucándose entre ancho árboles de bosques viejos. De tus globos oculares rebosaba atención intencionalmente rosicler.

Lo sé, durante nuestro primer deslizar brusco de boca-labio-lengua sentiste el viento cambiar de dirección, yo también. El cortejo lúdico de líquidos lubricó la ruptura de una tercera tierra, un entrespacio de origen volcánico, vaivenes internos intercambiaban naranja. ¿Qué hago para convencer a la marea, o a la luna, que nos dejen íntegros? Nadie ha intentado detener la erosión, sólo la derrota.

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