Llueve in Barcelona

En estas condiciones deja de ser un horno de piedras blancas convecionado por vientos salados estancados en un valle, haciéndose bajo la lluvia un perro mojado, pelos abombadas en jazmín. Cada gota gorda que cae recorre la ciudad, de Vall d'Hebrón a Marina, por las calles de adoquines agrietadas, por las alcantarillas de hierro francés, por los techos de taxis desocupados todavía a esta hora. El desahogo mañanera de días húmedos se ve en la ojeras de los cafeteros, los cocineros, y los que no pueden, o no atreven, ir en bici a la oficina debido a las lubricadas avenidas. Cansada la ciudad recupere de su sollozo, encuentra la paz propia, la de ya no suministrar nada adentro.

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